Rosa Reía
Homenaje a Rosa Delgado Hernández, mi nana
-“canta nomás gaviota, que de esta vida no hay otra”
-“más vale perder un amigo que perder una tripa”
-“¿para qué lo va a matar?, si después va a llorar”
-“más vale que haga mal, y no que se pierda”
Esas y otras “verdades” salían de su boca mientras reía con sonora carcajada o mientras gritaba y agitaba la temible varilla de tamariscos y nos corría dándonos guascasos en las piernas. Cómo picaban esos, me cacho.
Esta era Rosa, la Rosa de Chiloé, la que contaba espantándome, las historias de su infancia cuando la tierra se abría y ella veía olas gigantes que describía y mientras relataba repetía; -“ y nosotros gritábamos Maaaremoto, Maaaremoto”
Rosa fue mi nana, mi niñera, mi cuidadora y mi alma se encoje al saber que es otra de las tantas personas amadas que no pude despedir. Ni me enteré cuando murió y pasa a ser uno de los tantos “desaparecidos” que tengo en mi vida en este transitar entre Comodoro y Buenos Aires. Me tocó vivirlo en Baires, donde nadie sabe ni siquiera dónde queda Chiloé, ni quién era Rosa, mi Rosa, mi Rosita, mi Rosalba. Sirvan estas líneas, de verdadero adiós. Mónica
Homenaje a Rosa Delgado Hernández, mi nana
-“canta nomás gaviota, que de esta vida no hay otra”
-“más vale perder un amigo que perder una tripa”
-“¿para qué lo va a matar?, si después va a llorar”
-“más vale que haga mal, y no que se pierda”
Esas y otras “verdades” salían de su boca mientras reía con sonora carcajada o mientras gritaba y agitaba la temible varilla de tamariscos y nos corría dándonos guascasos en las piernas. Cómo picaban esos, me cacho.
Esta era Rosa, la Rosa de Chiloé, la que contaba espantándome, las historias de su infancia cuando la tierra se abría y ella veía olas gigantes que describía y mientras relataba repetía; -“ y nosotros gritábamos Maaaremoto, Maaaremoto”
Rosa fue mi nana, mi niñera, mi cuidadora y mi alma se encoje al saber que es otra de las tantas personas amadas que no pude despedir. Ni me enteré cuando murió y pasa a ser uno de los tantos “desaparecidos” que tengo en mi vida en este transitar entre Comodoro y Buenos Aires. Me tocó vivirlo en Baires, donde nadie sabe ni siquiera dónde queda Chiloé, ni quién era Rosa, mi Rosa, mi Rosita, mi Rosalba. Sirvan estas líneas, de verdadero adiós. Mónica

1 comentario:
Muy bueno el recuerdo
los seres nunca nos abandonan siempre están
un abrazo alba
Publicar un comentario